Saturday, March 29, 2008

La vida conyugal

Lamentablemente, hemos llegado a la última novela de este curso. Felizmente, terminamos bien, con una novela espectacular: La vida conyugal, del mexicano Sergio Pitol, ganador del Premio Cervantes 2005.

Lo primero que llama la atención en este libro es que se trata de una protagonista feminina escrita por un autor masculino. Se supone que La vida conyugal es la historia de una pareja, Nicolás y Jacqueline, pero en realidad es la historia de la protagonista, Jacqueline Cascorró (como se autodenomina la mujer que fue bautizada María Magdalena Cascorro). Casi parecería que, tal como toma la decisión de cambiar su nombre, Jacqueline se impone en la novela para apoderarse de la narrativa, tanto que el narrador no puede sino dejar a Nicolás en un segundo plano. Jacqueline domina la historia por completo, y el narrador (que no se identifica pero sí se hace notar, recordándonos varias veces que nos está contando esta historia) parece tenerle simpatía o al menos estar de su lado.

(Sería interesante en ese respecto contrastar La vida conyugal con El turno del escriba, por ejemplo, en que hay un protagonista masculino escrito por autoras femininas. O tal vez - ¿por qué no? - se podrían contrastar las dos Jacquelines que hemos conocido en este curso, la de Fiebre de invierno y la de La vida conyugal. Estaría bueno, en realidad, porque en estos casos, por más que haya otros personajes, la protagonista es la historia.)

Jacqueline quiere ser un "personaje", se quiere inventar a sí misma para así poder decidir su propia suerte. Cambia su nombre y busca una alianza con un hombre que le ayudará a lograr lo que más quiere en la vida, que es "cultivarse". Pero sus intentos de transformarse siempre terminan mal por culpa de su familia (quienes se niegan a llamarla Jacqueline), su pasado "miserable", o cualquier otro motivo. Pero en realidad, es que todo falla por culpa de Jacqueline: es que le fascinan las ideas, pero ella no es capaz de hacerlas realidad. Un ejemplo perfecto de esto es el hecho de que se quiere "cultivar" con libros, arte, etc. pero no es capaz de leer un libro detenidamente; quiere comprarlo y tenerlo, y casi parece creer que con eso alcanzaría.

La memoria, el pasado, y el destino son hilos conductores de esta novela. Más concretamente: la falta de memoria, la memoria selectiva o la memoria fallada, y su relación con el pasado y el destino. Lo que hace Jacqueline es vivir ciclos en que se repiten leves variaciones de lo mismo, una y otra vez. En toda la novela hay referencias a su mala memoria, el hecho de que no recuerda a la gente, no se acuerda del nombre de alguien, o tiene la idea que su primera infidelidad fue con uno cuando en realidad fue con otro.

El cuaderno azul de Jacqueline es una incarnación de esta situación: en él, Jacqueline ha escrito muy poco (algunas citas literarias y algunas experiencias negativas) dejando casi todo el cuaderno en blanco. Pero el narrador nos asegura que Jacqueline no se acordará ni de lo que escribió, ni de la existencia de su cuaderno. Hay frases escritas, borradas, reescritas, con comentarios, luego tachados o reescritos. Es un palimpsesto, un objeto literario e histórico de la vida de Jacqueline en que existe una serie de niveles entre la realidad y las ideas, pero que se confunden, se mezclan, se borran, o se dejan en blanco.

Otro elemento clave de La vida conyugal es la corporalidad. De hecho, es el acto físico de quebrar una pata de cangrejo en las manos y oír descorchar una botella de champaña, que cambia el rumbo de la vida de Jacqueline. Más precisamente, cambia sus ideas sobre cómo va a ser su vida. El tacto, el oído... los sentidos dominan a Jacqueline. El efecto que tiene sobre Jacqueline el olor acre del cuerpo desnudo de Gaspar, por ejemplo. Y eso que Jacqueline tiene muy mala memoria; casi se podría decir que todo se ve borrado de su mente, menos los recuerdos físicos.

Y ¿qué significará, que cada vez que está a punto de realizarse sus planes para eliminar a Nicolás, Jacqueline no sólo se interpone para impedir que suceda, sino además tiene que sufrir alguna lesión física? Siempre termina en el hospital, muchas veces a los cuidados de Nicolás. La mano, el hombro, los dedos...

La corporalidad se manifiesta muchas veces por medio de la sexualidad, también. Nicolás es un mujeriego, pero lo que predomina aquí es el deseo de Jacqueline. Y este deseo no está vinculado con la reproducción o la posibilidad de crear una nueva vida, sino se asocia con la destrucción o la ruptura. Jacqueline tiene una pasión sexual por Nicolás que se vuelve desenfrenada en las épocas en que está preparando un complot para destruirlo. Puede disfrutar de los cuerpos de sus amantes, pero nada supera la pasión que se apodera de ella cuando está a punto de matar a su esposo. La sexualidad de Jacqueline prospera a base de la destrucción, o la posibilidad de la destrucción.

A pesar de todo eso, Jacqueline no es para nada un personaje antipático. Es capaz de hacer cosas impensables, pero el tono con el que el narrador representa a Jacqueline hace de ella un personaje verdaderamente entrañable. De hecho, de todos los demás personajes en el libro, los dos más agradables son mujeres: Márgara Armengol, la anfitriona de las veladas culturales y la dueña de lo que será luego una Academia; y Alicia Villalba, mujer que se viste como hombre, y la única persona que acompaña a Jacqueline en su peor momento luego del traslado de Nicolás a España.

Lo que más me encantó de esta novela fue esta idea: lo que desencadena todo el relato, y cambia por completo la vida de Jacqueline para empezar sus eternos ciclos, es una sensación de un momento preciso. Como Proust y sus magdalenas (¡Jacqueline se llama Magdalena!), la sensación de quebrar una pata de cangrejo en las manos al momento de oír descorchar una botella de champaña lleva a Jacqueline no a su pasado (como a Proust) sino a una idea de su futuro. Casi se podría decir que cada vez que empieza de nuevo este ciclo, Jacqueline está recordando su futuro, que está borroso, confuso y aún en blanco, como su cuaderno.

Monday, March 24, 2008

Fiebre de invierno

Esta semana toca leer Fiebre de invierno, de Marilyn Bobes. Esta, su primer novela, fue ganadora del Premio Casa de las Américas Novela 2005.

Hasta ahora, me han gustado casi todos los libros de este curso. Muchos me han encantado, sobre todo las novelas de Piñeiro, Lauer y Villegas. Pues ya está. Fiebre de invierno no me gusta nada, nada.

Ni parece ser una novela, sino más bien el diario íntimo de una mujer amargada que quiere buscar justificación para sus problemas. Jacqueline, la protagonista/narradora, es uno de los personajes más pesados que he encontrado en todas las lecturas de este curso.

En Fiebre de invierno, Jacqueline cuenta una lista de razones por las cuales es la víctima más grande del mundo. La dejó su marido por otra. El ex marido, Marcelo, es malo. La otra mujer, Benvenuta, es una mala malísima que le "quitó" el marido a Jacqueline. Y Jacqueline, por supuesto, es una santa.

Ah, y además es una artista manquée. Claro, es tan sensible y malentendida, debe tener el alma de artista. Claro, eso tiene que ser. Es que los demás son unos trepadores sociales, pero Jacqueline es la que ve las cosas como son.

El obligado guiño literario para darle a esta historia más que banal, un toque de "arte": Jacqueline va a escribir una novela, para vengarse de Marcelo, porque resulta que fue por su culpa que Jacqueline nunca se atrevió a escribir ficción. Y este libro no se entitulará nada menos que ... Fiebre de invierno. Sí, el mismísimo libro que el lector tiene entre manos.

Y claro, tiene que haber mil referencias al libro ficcional/libro verdadero. Otros personajes le advierten a Jacqueline que puede ser problemático escribir una novela que es básicamente una versión levemente cambiada de hechos reales. Qué metaficcional, qué listo, qué posmoderno.

Jacqueline es culta, cosa que nos recuerda cada vez que puede. Es tan culta que le gusta tanto la cultura alta como la popular. Adora a Raymond Carver, a Dylan Thomas, pero también escucha a los Beatles y ve Sex and the City. Qué ecléctica. Y cuando no está perdida en su nostalgia hippie, se está indignando porque Sex and the City no es una fiel representación de su vida.

Fiebre de invierno me parece la obra de una amateur que piensa que, si puebla su mundo ficcional de citas tanto cultas como populares, podrá crear algo interesante. No ha funcionado para mí. Todo esto me recuerda demasiado la novela de Jaime Bayly.

Jaime Bayly/Julián Beltran: el primero verdadero, el último ficcional, ambos insoportables. De repente, un ángel es un libro malo, con elementos de la vida real. Pero como no parece que el autor lo haya tomado en serio, le ha quitado significación a todo, y el resultado es un libro vacío, unidimensional, sumamente olvidable.

Marilyn Bobes/Jacqueline: ¿alguna relación? Bobes es una crítica respetada como Jacqueline y Fiebre de invierno es su primera novela, como es la de Jacqueline. ¿Estará esta novela basada en hechos reales? No se sabe...

Bayly no toma nada en serio, pero tengo la sensación de que Bobes sí, se está tomando todo esto muy en serio. Es lo trágico del asunto. La obra de Bayly la puedo descartar como novela superficial que el autor habrá pasado dos semanas en escribir. Pero ¿la de Bobes?

Un detalle que me gustó de Fiebre de invierno: la cita repetida de Raymond Carver, "utilízalo todo". Me gusta tanto este poema que quiero citarlo aquí, como lo hace Bobes.

"Sunday Night"

Make use of the things around you.
This light rain
Outside the window, for one.
This cigarette between my fingers,
These feet on the couch.
The faint sound of rock-and-roll,
The red Ferrari in my head.
The woman bumping
Drunkenly around the kitchen . . .
Put it all in,
Make use.

El error que comete Bobes en citar a Carver, es que nos obliga a buscar la cita, a leer el poema, a pensar en cómo estará tomando Jacqueline estas líneas, utilizándolas para su propio proceso artístico. Y el resultado es pobre.

Saturday, March 8, 2008

Agosto y fuga

Nuestra lectura esta semana es la novela mexicana Agosto y fuga, obra por la cual la autora Paloma Villegas ganó el Premio Sor Juana Inés de la Cruz en 2005. Cabe señalar que tanto este libro, como los dos otros libros que ha escrito Villegas, han sido publicados por la misma editorial independiente, Ediciones Era.

Lo personal y lo político:
Hemos visto ya algunas narrativas de relaciones personales con un trasfondo de eventos políticos e históricos de mucha importancia, como por ejemplo La hora azul (las secuelas del conflicto armado en Perú) y Las viudas de los jueves (los momentos que preceden a la crisis de 2001 en Argentina). En Agosto y fuga se trata de las vidas íntimas de cuatro personajes en las semanas anteriores a las elecciones de 1994 en México.

Recorridos, órbitas:
El estilo de esta novela es mucho más realista que la que leímos la semana pasada, Órbitas. Tertulias. Y sin embargo, a nivel temático creo que comparten algo en común: son las dos narrativas de recorridos a la deriva, o -como lo dijo el profesor la semana pasada de la novela de Lauer-, sin rumbo fijo. Y las dos son novelas de repeticiones, ciclos interminables, pero no repeticiones de lo mismo sino con diferencias. En la novela de Lauer es una repetición a nivel más esotérico, casi metafísico, mientras que en Agosto y fuga se trata de repeticiones tanto de relaciones íntimas como de ideas políticas más generalizadas.

A nivel personal, en
Agosto y fuga tenemos el “recorrido sentimental” (86) de Nora, que pasa unas 24 horas (como el protagonista de Lauer, por cierto) haciendo recorridos de la Ciudad de México por su avenida más larga e importante, Insurgentes. En todas partes está rodeada por el gentío de la ciudad pero sólo ve su propio pasado (68). Vuelve sobre sus pasos como si quisiera borrarlos (74) pero a la vez, son lo único que la puede guiar. Y a nivel más social tenemos el recorrido de México en su conyuntura política, su carga histórica, y lo que en 1994 es un sentimiento de esperanza por un cambio hacia un país más justo. Una esperanza que no es nada más que una repetición de otras esperanzas pasadas, como por ejemplo la de 1988 (que se menciona varias veces).

La máquina política:
El auto de Magda casi se podría ver como metáfora de las relaciones sentimentales y del proceso político: al auto le han roto las vidrieras, ya no tiene ni sillas, y por dentro está hecho un esqueleto vacío de lo que era (126). Pero aún se puede manejar, aunque no se sabe hacia dónde nos va a llevar. Y en realidad hay que dejarlo en la esquina de una casa de apariencia respetable, porque no podemos manejarlo todo el camino hacia casa.

Elementos científicos:
Hay elementos de ciencia en Agosto y fuga que me recuerdan los conceptos de "geometría variable" y "arqueología informal" de Órbitas. Tertulias. Los espacios en esta narrativa adquieren una forma variable que cambia según la perspectiva de uno; por ejemplo las diferentes reacciones ante la lluvia en Chiapas, o las distintas maneras de llegar al lugar de encuentro, o en autobús o a pie. Nora, que había llegado a Chiapas en autobús, vio que había gente que había caminado días enteros para llegar; de vuelta a la ciudad, lo primero que hace Nora es precisamente eso - caminar. Hay una nota geográfica en su recorrido a pie, en que está sintiendo físicamente el relieve de las calles (51), y en el concepto de los mapas mentales que tiene uno de un país que se ensancha o se achica conforme vaya aprendendiendo nombres de lugares hasta entonces desconocidos (83). (Esto en realidad, me recuerda La hora azul, en que Adrián conoce el nombre del barrio de Miriam porque lo ha oído nombrar en el noticiero.)

La fuga:
Agosto y fuga es una novela estupenda, con un estilo lírico dentro de una trama que se desarrolla hacia un punto culminante que … nunca llega. No termina con las elecciones sino que termina justo en un precipicio. La novela entera es, en realidad, una fuga, por lo que no dice, por lo que deja en el aire. Este acto de fuga deja rastros, que forman el texto que tenemos entre manos: nada más que fragmentos de las vidas de cuatro personas, en un momento en que "va a pasar algo" (85) tanto a nivel político como personal.

Y es que todo es fragmento en realidad. Por ejemplo, la convención en Chiapas, uno de los eventos más importantes de la novela: ni lo vemos, sólo tenemos lo que ha visto Nora, lo que ella cuenta, y lo que Pablo lee en los diarios. Tenemos versiones de versiones, de algo que no parece ser más que una serie de comienzos (94). Y las elecciones en sí, ni están en la novela. La única escena que tenemos es del mitin, en que todo se agita sin moverse (138). Interesante que aquí el cielo es azul y el sol brilla por lo que parece ser la primera vez en una novela en que siempre está lloviendo, está por llover, o acaba de llover.

Pero por otro lado, la fuga no es fuga, propiamente dicha; es un acto de escapar o cambiar, para luego volver, para luego repetirse de una manera distinta. Uno se fuga de sí mismo para luego volver. Nora se fuga de su relación actual para refugiarse en el pasado, pero luego se fuga del pasado para volver a su relación. Pero en el final de la novela, está saliendo una vez más, hacia Pablo, hacia su pasado. Hay idealismo, escepticismo, nostalgia, y luego otra vez idealismo templado por pragmatismo. El que habla en el mitin no va a ganar esta vez (138) pero eso no significa que no se vaya nunca a cambiar nada. Se mueven las cosas, pero en ciclos.

Sunday, March 2, 2008

Órbitas. Tertulias

Órbitas. Tertulias, del peruano Mirko Lauer, es la segunda novela de la serie que comenzó con Secretos inútiles y fue uno de los dos ganadores del Premio Juan Rulfo 2005, otorgado por Radio France Internationale.

Además de ser una novela onírica y fantástica pero también con mucho humor (y ser, creo, la novela más "literaria" que hemos leído hasta ahora), representa un caso interesante del funcionamiento del campo literario. Aquí leemos que, por más que haya recibido un premio internacional, esa consagración no se ha traducido en éxito en el mercado.

En una entrevista muy relevadora, dice Lauer: "No soy de presentaciones ni de promover una novela. Una de las plagas de Egipto que le ha caído a la literatura es que los autores, una vez que terminan de elaborar una obra, comienzan a trabajar promoviéndola, vendiéndola, hablando. Entonces, no la voy a presentar. Además, ya es un poco tarde a estas alturas." (...) "No la he repartido a críticos ni nada por el estilo. Entre otras cosas, porque me gustaría que alguien se encuentre con la novela y se anime a hacer algo con ella, como me parece ha sido su caso. Los libros viven una existencia propia que no necesariamente se encuentra en manos de los lectores. Resulta interesante que los libros tengan esa vida propia, como una forma de relación con la sociedad."

En otra, dice: “No soy un novelista profesional y no es una obra entretenida en el sentido estricto, ya que tiene un lenguaje exigente y toca temas remotos como un balneario pobre en la costa sur del Perú”. No me parece una casualidad que la novela haya sido premiada en Francia y no en España y por eso siento que es un premio literario y no un premio editorial”.

Si tenemos en cuenta lo que dice Bourdieu sobre el mercado de producción a gran escala y el mercado de producción restringida, podemos entender lo que dice Lauer como una manera de intentar ubicarse en este último campo. Parece tener cierto desdén por la industria editorial española, y prefiere Francia; esta postura tiene cierto elitismo, lo cual es perfectamente coherente con lo que sería una ubicación dentro del mercado de producción restringida.

Como poeta y periodista, Mirko Lauer es parte del sistema de producción cultural. Sabrá muy bien qué papel está cumpliendo en el ámbito de producción restringida. Lauer está presentando la obra de arte en términos del don, que tendrá su reconocimiento no económico sino simbólico.

Algunos aspectos interesantes de la novela:

- Los personajes: Arístides Sáenz / Antofagasta / varios nombres más (97); Willy, que toma un sorbo de cada trago (49); Chumpitaz, que es el encargado de traerle el objeto al protagonista; el mismo Mirko Lauer

- Esos espacios entre dos mundos: entre el sueño y la vigilia (12), en la orilla entre el mar y la tierra, entre la noche y el día; esos "puntos intermedios" (11)

- La idea de la localización física, toponimía; ¿dónde está su pueblo? (14); los lugares se mueven en el mapa

- Las tertulias: las diversas conversaciones; los comentarios sobre el Perú (118)

- Las órbitas: un movimiento circular, girando alrededor de algo, un lugar físico y una idea inalcanzable

Mis reacciones personales:

Es una novela muy difícil, muy poco accesible, es parecido a ese objeto imposible... El libro en sí, es una tertulia para Mirko Lauer y sus amigos invitados, o mejor aún, entre Mirko Lauer y Mirko Lauer. Yo observo, yo leo detenidamente, pero no lo descifro; estoy en "órbita" alrededor de esta tertulia.

Pero el protagonista tampoco entiende la tertulia a la que asiste, y no parece importarle demasiado.

Al leer la novela me sentí confusa y perdida. Una y otra vez tuve que volver al principio, verificar qué estaba pasando; me preguntaba "¿está soñando el personaje?" o "¿ahora dónde estamos?" Cada vez que lo leo, es distinto, es otro libro. Me viene una sensación de desolación, de perder mi camino, de dar vueltas y vueltas, sin saber cómo salir.

El libro no quiere que lo lea yo, que lo logre leer yo. No, ni eso - no es que no quiera; es que no existo para este libro. El libro es, simplemente; es un sitio de misterio como ese pueblo, es una entidad incomprensible como ese objeto. Y soy la turista. Intento hacer un mapa de los personajes, de los eventos, del lugar, de la trama, y se me esquiva, se me escapa este texto. Es la antítesis del libro de Bayly, en que está todo prolijamente dicho y mostrado. Aquí no sé a qué agarrarme; el texto no me da nada, o me da todo y no sé cómo comprenderlo.

Voy a leerlo de nuevo, a ver si lo puedo "domar" aunque sea lo mínimo para poder analizarlo.