Thursday, January 17, 2008

The Economy of Prestige

Hay varios elementos de The Economy of Prestige que me gustaría que comentáramos.

La desmistificación:

La manera que tiene English de escribir, me recuerda lo que dice Bourdieu en "The Market of Symbolic Goods" (p. 9), que son pocas las obras que no tengan ya dentro de ellas una huella o un sello del sistema de posiciones. English escribe de una manera clara y utiliza un lenguaje poco académico, lo cual subraya su intento de "desmistificar" el sistema de premios literarios. En un campo en que hay mucha mistificación es importante mostrar el lado administrativo, todo el papeleo banal que hace posible su existencia. Esa claridad de estilo tiene su paralelo en el contenido del argumento de English, en que dedica mucho tiempo y espacio a la explicación detallada del lado cotidiano de la administración de premios. En esto nos revela la doble realidad que tiene ese hecho de consagración, siguiendo lo que dice Bourdieu en "The Market of Symbolic Goods" (p. 3), que los bienes simbólicos tienen doble cara, y son a la vez mercancías y objetos simbólicos.

La ambivalencia:

Para mí la idea clave de The Economy of Prestige es que el sistema de premios se caracteriza por su ambivalencia (p. 31).

Por un lado, existe la idea que si una obra es buena, es lógico que gane un premio; los que saben, sabrán reconocer cuando un libro es arte, y ese reconocimiento toma la forma de un premio. De ahí la importancia fundamental de quién es el juez, y si el juez ha ganado a su vez algún premio, mejor. Porque como dijo el profesor en la clase, el acto de consagración no lo puede realizar cualquiera; uno tiene que estar habilitado para ello. Por otro lado, existe la idea que si una obra gana muchos premios, o un premio poco prestigioso, debe ser middlebrow, cursi, poco original, fácil de leer y comprender. Esto sucede porque buscamos la distinción de la escasez, procuramos formar parte de un grupo exclusivo con acceso a objetos de producción restringida. Si el grupo es muy extendido ya no hay distinción. (Yo soy culpable de esto con la música. Es ridículo, pero lo hago.)

Sin embargo, la ambivalencia no se limita a lo anterior. Debatir si un libro reconocido es mejor que un libro no reconocido, y la diferencia de las ideologías a las que pertenecen estas dos posturas - por ejemplo la cuestión de si el artista de verdad no puede ser reconocido hasta después de su muerte porque su visión está ahead of its time y demasiado complicado para el público de su tiempo - ni siquiera es el punto. El punto es el hecho mismo de consagración y la manera en que dicha consagración se lleva a cabo. El hablar de calidad o falta de, sería perder de vista la idea más importante, de la construcción del premio mismo.

El acto de consagración no viene de la nada, sino es más bien un procedimiento que también tiene doble cara: se trata de una elección, por parte de individuos cuyos nombres han sido ya antes consagrados, entre una pequeña serie de opciones -- opciones que son el resultado de un proceso de filtración administrado por individuos anónimos, que no han sido consagrados y que por consiguiente no pueden consagrar. English habla de esto como síntoma (p. 120) del sistema. Me gustaría que habláramos en clase sobre este punto: que el sistema de consagración y otorgación de prestigio se basa precisamente en la labor de quienes no tienen poder de otorgación de prestigio. Sin el trabajo de esos "filtradores" anónimos, el sistema no funcionaría, pero al mismo tiempo el sistema se define en oposición a ellos, y casi no se habla de su existencia. Es asombroso el nivel de poder que tienen, en realidad, los que filtran los libros para crear el shortlist, y de hecho dice English (p. 135) que tienen aún más poder que los jueces oficiales. Claro, es que son ellos los que ponen el marco dentro del cual tienen que actuar los jueces. El caso de Auden (p. 142), por ejemplo, revela esas relaciones de poder, porque el poeta sale del sistema y tiene "la última palabra" pero el caso es conocido más que nada porque es tan poco común.

El escándalo:

Siguiendo el caso de Auden, si tenemos tiempo en clase me gustaría también que habláramos de lo importante - casi lo imprescindible - que es el escándalo en el sistema de premios. Dice English (p. 147) que el mero hecho de que el procedimiento de otorgación de premios sea una lucha, significa que es un sistema bastante cambiable. Su perspectiva sobre el discurso negativo como componente fundamental del sistema de premios es fascinante (p. 188), sobre todo cuando apunta que, en realidad, los que más desdén tienen por los premios son los que, precisamente, forman parte de los grupos e instituciones que tienen el poder de consagración. Esta observación de English subraya la calidad de "juego" que tiene el sistema de premios.

2 comments:

Anonymous said...

Creo que ciertos premios se orientan más a la apelación emocional de una obra también, quizás los que asocias con lo del middlebrow. Me pongo a pensar en las películas que salen como "Best Picture" en los Oscars, que tienden a abdundarse en sentimentalidad (Dime que Titanic no era cursi, pues era nada más que una telenovela con agua). Es un aspecto que veo en muchas novelas que reciben honores populares también (Oprah etc.) Son siempre del "sobreviviente de y su historia trágica". Mientras los textos que reciben honores tienden hacia más seriedad o introspección, más realismo y una estética particularmente ornata o elegante, ese aspecto de sentimentalidad sigue como parte. Es un aspecto que me interesa mucho.

Jon said...

Camille, estoy absolutamente de acuerdo de que la ambivalencia es un concepto clave para English. Pero precisamente por esto, no se puede definir el premio (o el sistema de premios) en contra del mercado. O sea que ningun premio puede mostrar la espalda al mercado de todo: a veces, por ejemplo, es el hecho de que después de su consagración un autor o un libro (o una pelicula) sea popular, y venda bien, que confirma el gusto de los jueces mismos. Si no hay ninguna resonancia entre los juicios del premio y los gustos del pueblo, el premio arriesga ser criticado por elitismo, irrelevancia, etc., y así perder sus poderes de consagración y prestigio.

El punto sobre la "filtración" o "pre-elección" de las obras juzgadas sí es importante. Hay que reconocer que estos campos son vastos. Los jueces para los Booker, por ejemplo, siempre se quejan del hecho de que tienen que leer (no me acuerdo exactamente pero algo como) 100 libros en algunos meses. Pero dado que en Gran Bretaña se publican unos 5,000 libros cada año, se ve que están leyendo solamente una proporción pequeña de la producción literaria de un solo año.

Mientras tanto, otro libro interesante sobre este tema (y sobre las propias ambivalencias del "middlebrow"), un libro también inspirado por Bourdieu, es A Feeling for Books, de Jan Radway. Se lo recomiendo mucho.